COMMUNITY PHOTOGRAPHY & HISTORY - MEDELLIN

La Violencia y la huida hacia Medellín

Rafael Rojas

 

 

 

 

En los años 50 "La Violencia" llegó al pueblo conservador de Uramita en el noroeste Antioqueño. La persecución conservador de los Liberales de la zona inició y Rafael Rojas, un Liberal, fue atacado dos veces con machetes.

 

Cuando sus verdugos volvieron una tercera vez estaban armados con pistolas y acompañados por la policia. Rafael y su familia prendieron la huida hacia la ciudad de Medellín perseguido por unos conservadores per también ayudado por otros - uno quien pagó con su vida y el otro el alcalde del pueblo.

Conservadores Asesinos Conservadores Salvadores

El relato de Ligia Rojas

"Cuando menos lo pensaron el cimbronazo de la puerta… cuando era un tipo que le decían Balbola, y otro que se llamaba José Cruz y un policía de Cañasgordas.

 

"Entonces ellos fueron a llamar a mi papá que saliera que necesitaban hacer un negocio. "No tranquilos que yo ya sé cuál es el negocio, espérese un momentico." Mi papá se puso el pantalón y cogió el machete y cuando fue a salir entonces el mismo se paró el tío de mi mamá. Salió y les dijo, "Ustedes no le van a matar si nosotros somos los mismos espere yo le muestro la cedula."

 

Le dijo el policía, "Deje de ser metido viejo hijuetantas. Péguele un tiro a eso viejo a hijuetantas que nosotros no venimos por él." Le quemaron el primer tiro a mi tío. Como que era tan velludo lo chamusco, la bala no le entró. Entonces al ver el policía que la bala no le entró, y al ver que no cayó, dijo "Ay, no vas a morir hijuetantas" y le dio la un tiro en todo el cerebro.

 

Por la cocina mi mama tenía un huequito así por donde prestaba cositas y donde prestaba a ella. Mi papá dijo, "Todos pa' la calle. Todas salgámonos de aquí." Mi mama y yo nos metimos en un corral de unas vacas a esperar que amaneciera… y mi papa se metió pa' el monte y de allá él sí alcanzaba ver quienes subía y quienes bajaban.

 

Al mucho rato volvieron a bajar los tres. Entraron a la casa. Le quitaron toda la ropita a mi tío. Le quitaron los papeles.

Esperamos que la gente salió a trabajar y entonces ya nosotros salimos. Mi mamá misma quería que yo volviera meterme por el mismo hueco por donde me habían sacado, pero me dio miedo y dije que no entrará y me puse a llorar.

 

Pero ya y bregando ellos a ver quien entraba y ninguno se atrevía a enterar. Entonces llegó una señora de la calle, empujó la puerta y dijo, "No Doña Tulia, la puerta está abierta."

 

Cuando mi mamá llegó y empujó la puerta vio que mi tío lo habían dejado como dios hecho al mundo lo habían dejado ahí en el tendidito. Ella se aventó a la carrera y lo tapó. Ya se fueron a llamar al alcalde, entonces el alcalde subió y él le dijo a mi papá que allá no se podía quedar.

 

Pero el alcalde era súper-Conservador y mi papá era Liberal. Mi papá dijo "Pues que pena don Luis si mi van a matar pues van a tener que matarme porque yo no tengo pa' donde ir." El alcalde le dijo que estuviera tranquilo; que esperen que hacen el levantamiento donde mi mamá; y que recogiera las cositas y que se fuera para que nos quedáramos allá en la casa de ellos.

 

Cuando ellos salieron de allá mi papá le trajo él como un detenido para Enciso. En el Puente del Occidente, cuando llegaron ahí los policías de ahí le iban a quitar a mi papá. Él les dijo "Yo soy el alcalde de Uramita, aquí están mis papeles y este señor ustedes no lo van a tocar porque este señor lo llevo detenido para la cárcel de Enciso en Medellín".

 

Ellos se vinieron y don Luis soltó a mi papa aquí en Medellín que él se defendiera como pudiera.

Los Primeros colonos de Moravia

 

El día 5 de febrero de 1964, un sábado, Rafael Rojas caminaba hacía el Rio Medellín cargando en sus hombros las pocas pertenencias que había sacado de su rancho en el Barrio Carmelo, también conocido como "el Cartón".

 

Detrás de él caminaba su esposa Ana Tulia y dos de sus hijas, Mary y la pequeña Gladys. Iban en camino a su nuevo hogar, quizas la primera casa del barrio Moravia. Era algo campestre, rodeada por tomatales y cebolleras pero con los años el barrio creció alrededor.

 

Ligia, como ellos, cruzó por el puente unos 5 días después cargando su primer hijo, Henri, un varón de tres días de nacido. Al llegar a la orilla del río cruzaron por el Puente el Mico. Al otro lado, siguieron por la carrilera unos cincuenta metros más hasta que llegaron a su nuevo hogar: un rancho que Rafael había construido en los días anteriores.

 

Esa misma mañana la familia Rojas había dejado atrás su hogar de más de doce años – un tugurio en un barrio por el Cementerio la Candelaria que fue popularmente conocido como "el Cartón".

 

El Municipio estaba demoliendo "el Cartón" y reubicando la gente en el Barrio Villa de Socorro. Pero a Rafael no le gustó la idea a trasladarse a un lugar donde él decía que le iban "prohibir que me tome mis cervezas".

 

Con su desalojo inminente, tenía que decidir por donde coger con su familia. La decisión no fue difícil. Desde hace varios meses Rafael venía trabajando un terreno entre una laguna alimentada por la quebrada Bermejal y el ferrocarril ubicado en el sector que hoy conocemos como el Barrio Moravia.

 

Había conseguido un “contrato” de un don Evelio, quien le dijo que viniera a trabajar, arrancar la caña brava y cultivar. Entonces Rafael limpió y sembró caña dulce, plátano, yuca, guineo, frijol, maíz y café. El terreno pagaba con su labor y sudor: cada vez que recolectaba se quedó con la tercera parte, y don Evelio se llevó lo demás.

 

 

El lunes después de la llegada del primer colono y su familia, la hija mayor, Ligia, cruzó por el Puente el Mico cargando su primer nieto - Henri, un varón de tres días de nacido.

 

Pasó el tiempo y Rafael continuaba cultivando su terreno, tomando sus cervezas y entregando dos terceras de sus cultivos a don Evelio mientras que los niños iban creciendo. Jugaban al lado del ferrocarril, entre los cultivos y en la laguna.

 

No pasó mayor cosa hasta que un día llegó un señor quien decía que era el dueño. Rafael se indignó que él señor le acusaba de ser un ladrón. En cuatro años había construido casa y vida al lado del rio. Decía que tenía contrato y que se iba, pero que primero el señor tenía que pagar las mejoras a la propiedad. El señor se enojó y mandó un buldócer arrasar los cultivos de Rafael cuando él estuvo afuera.

 

Estaba acabando con las matas de café cuando los niños cogían el operador y su máquina a piedra, y él huyó dejando la máquina en medio campo. Fue la primera vez que habían defendido lo que consideraba era lo suyo. Y no fue la última vez.

 

Un día el señor dueño simplemente dejó de venir y todo se volvió como antes. Pasaron unos años más y el sector pasó a pertenecer al Municipio.

 

 

Rafael empezó repartir su terreno con la llegada de más familias pobres, quienes construían sus ranchos, forrándolos con plásticos; con latas; con cartones; con lo que encontraran.

 

Cuando llegaban los primeros policías a desalojarles, les daban tinto mientras la gente organizaba sus ranchos, colocando la bandera de Colombia encima, sabiendo que la policía la respetaría. Y los policías venían, y al ver la bandera, se devolvían.

 

Después empezaron llegar volquetas con basura y llegaba más gente pobre a construir sus ranchos al lado del ferrocarril y la carretera, y después donde los tómateles y cebollares alrededor del ahora nuevo basurero.

 

Resultó que lo que la gente de Medellín botaba tenía valor y hasta se encontraba buena comida en la basura. La gente empezó a trabajar, recolectar y reciclar en el morro que iba formando al lado del rio - ahora sucio y lleno de espuma.

 

Nada parecía como hace diez años: los cultivos de Rafael, y los tomatales y cebolleras había llenado de ranchos y de gente. Henri, quien había llegado en brazos y quien era el primer oriundo de Moravia, había muerto de causas naturales unos meses atrás y la laguna donde antes jugaban y bañaban los niños se iba llenado de basura hasta que se desapareció.