COMMUNITY PHOTOGRAPHY & HISTORY - MEDELLIN

poblando el Bosque

Sitiados por los Zancudos y las Bandas

Manuel Agudelo

Manuel, un Manizaleño, salió de su ciudad

para Águila, Valle, y después de muchos años allí

la familia migró a Medellín. Pagaba un arriendo en

Villa de Socorro,pero por una “situación gravísima” resultó que les

desalojaron de la casita. Fue entonces que un amigo le invitó a

conocer donde iban a "invadir". Unos días después Manuel y

Leonisa, su esposa, y sus seis hijos cogieron unas

camitas y unas cajas de cartón con ropa y cayeron

a la “invasión” a las dos de la noche

en medio de un aguacero

Leonisa (la esposa de Manuel) con hijos Daisy, Dora, Rosaura y Manuel. Barrio del Bosque, 1985. (der. Anita, una vecina) Foto: Archivo de Manuel Agudelo

Manuel carga el féretro de su hijo, Carlos, quien fue asesinado en la Calle 80 en 1987. Otro hijo de Manuel Agudelo, Manuel, fue asesinado en la Minorista en 1988. Foto: Archivo de la familia.

"Esto eran lagunas," recuerda Manuel. "Esto era pantanos, mantenía uno embarrado hasta aquí. Los hijos y la mujer se enfermo mucho porque eran las epidemias de las lagunas y no tenia alcantarillado. Esas aguas detenidas producción zancudos… todo lo tiraban al caño. En los techitos de los ranchos, se ensuciaban en las bolsas voleaban esas bolsas de por allá y caían en los techos. Uno decía que cayó una bruja y era una bolsada de mierda."

 

Por los primeros 18 años vivían en una casa de madera, plástico y cartón, que fue tumbado diez veces antes de que ellos lograran construir la casa de adobes y cemento. “El primer ranchito lo armamos con madera, caña brava, y fieltro. Las paredes eran de fieltro. Cualquiera rompía y se entraba sacarle a uno las cosas. A nosotros nos rompieron una vez al lado de la cama y fueron jalando la cobija. Yo estaba soñando que había un huracán cuando de pronto levanto la cabeza y veo una mano que estaba jalando la cobija. Entonces le digo - Leonisa, Leonisa. ¡Ladrones! y arrancan en pura carrera."

Con el desarrollo del barrio entró mucho comercio y también mucha banda y mucha violencia: “En ´88 había una violencia brava. Estuvo “el pájaro”, el más sanguinario, y de allí en adelante todos los otros eran matones.

 

"Aquí hubo épocas que no se conseguía un fresco… a mi me dio días que a las 5 de la tarde no habíamos desayunado porque no podíamos salir a comprar una librita de panela por el voleo de plomo. Y oiga bala: al desayuno chumbimba; al almuerzo chumbimba; al la merienda chumbimba; y por la noche chumbimba. Entonces uno no tenía forma de salir. Azumándose por las rendijitas a ver, por allí habían dos o tres muertos. En esta calle de esta esquina de la 55 hacia fuera (entre la 79 y la 80), hubieron 57 muertos conté yo. Pues, hubieron días de diez… Venía el ejército y le guindaba con las bandas; venía la policía y le guindaba con las bandas. Llegó el punto que montaron en el cerro de la basura una base militar para controlar, pero tuvieron que ir porque hasta mísiles tiraron allá".

(izq.) Los amigos “El Indio”, Carlos (hijo de Manuel) y Rubén sentados en el Barrio del Bosque en 1985. Fotos: Archivo de Manuel Agudelo

De una separación a una invasión

Nena Bedoya

 

 

Al separarse de su pareja y sin dinero para pagar la casa alquilada en Aranjuez, ella y sus cuatro hijos se quedaron en la calle. Una amiga le contó de una “invasión”, pero ella no quiso irse para allá: ¿Cómo que yo iba a ir para una invasión por Dios? Me daba pena. “Deja ese orgullo Doña Nena. Que usted sin esposo, lo necesita. Que venga! Venga hay una invasión”. Pero no. Me daba pena y la dije “Deja esa bobada.” Cuando vine aquí vine bien pinchada – hace treinta y tantos años – vine aquí y me daba pena venir pero cuando vi estos ranchos y todo planito me daba como alegría.

 

La Primera Noche

 

Una señora de otra invasión me dijo, "Doña Nena venga a dormir aquí" - pero si uno se iba le robaban el lote, llegaba gente y le quitaba el lote a uno. Entonces yo no dormía, porque si me voy

me quitan el lotecito, entonces en una caja de cartón del televisor grande que me había comprado Gerardo (su esposo); en esa caja dormía con Liliana y José Luis, los niños míos.

 

La Protesta por Servicios

 

"Vamos todos, los niños, los viejos, los muchachos, los jóvenes todo el mundo para las empresas a pie… fuimos a las empresas publicas al Miguel de Aguinaga entonces allá llegaron carros antimotines, porque eran como veinte mil personas. Entonces allá llego el ejército… dijimos vamos hablar con el gerente general de las empresas para pedir el agua y la luz sobre todo el agua. Subí al octavo piso hablar con el gerente general. Hablé con él – Vinimos aquí y no vamos atacar a nadie - a pedir el agua y la luz para los ranchos, entonces el gerente general me dijo - es que allá no hay hombres. “Doctor hay muchos hombre pero lo que pasa es que ninguno quiere subir, mire como está eso de policía y de soldados ellos tienen miedo”. “Dígales que suban a los hombres”. Entonces yo bajé por ellos y como a los ocho días ya estaban poniendo el agua y la luz”.

 

 

Nena BedoyaLondoño en su casa.

Foto: Luisa Alexandra Rodríguez Hidalgo