COMMUNITY PHOTOGRAPHY & HISTORY - MEDELLIN

el basurero de Moravia

Los Lotes y La Lucha Popular

Augusto Ramírez

 

 

La primera vez que yo llegué acá fue en noviembre del 79. Yo llegué de Castilla. Tenía un taller de calzado y le vendí calzado al comercio. A mí me estafaron y cuando me pasó eso yo tuve que rebajar totalmente la producción. Y cuando volvió intentar meterme en el comercio, ya no me compraban.

 

La señora estaba buscando una casa para alquilarla porque ya no nos habíamos alcanzado allá. Un señor de los Álamos le dijo que vinera aquí que aquí estaban cogiendo terreno para construir.

 

Ella vino con la hija mayor. Miró y todo eso y esto no era como muy agradable para vivir. De todas maneras en la necesid1ad en que estábamos, ella me insistió mucho y yendo a entregar una docenita de calzado para el centro me dijo a mí – "¿Porque no arrimamos de una vez?"

 

Tanto cantaleteo que dije - "Vamos a ver". Entonces, venimos y entramos por allí, por la quebradita - había que pasar por el agua. Me gustó el plano; el terreno me gustó. Esa era un cebollal. Me atendió un señor Efraín Malangón y Efraín Jiménez, un arenero.

Ellos me asignaron un lotecito y me animaron – "No sea bobo. ¡Véngase! que esto es fácil, no es problema". Entonces me vine.

 

Un viernes por ahí tipo nueve de la mañana yo llegué cargándolo al hombro la madera, que conseguí en los aserríos para armar el ranchito.

 

No podía trastear sin tener adonde. Llegué al lote que me habían asignado para armar el rancho pero ya había otro armando.

 

Le pregunté a Efraín – "¿Qué paso?"- él me dijo – "No es que usted sabe la gente está así. Vamos a buscar otro, que esto es muy grande". Pasé a otra parte, cuando llegué ahí, había un señor Pablo Luján que él ya decía que era como de un comité, que no había nadie ahí pero que lo tenía marcado con una cinta destinado para un sobrino.

 

Me fui para donde un señor que fue él que le dijo a la señora mía que se viniera para acá. Era él que estaba en este lote donde estoy ahora. Le dije que me diera permiso para guardar esa madera, que ya estaba cansado: ya eran como las cinco de la tarde, estaba haciendo mucho verano, y yo estaba cansado de cargar es madera de una parte a otra.

basura de policía. Cuando - sí señor - bajaron y empezaron movimiento y a tumbar ranchos. Hubieron bombas lacrimógenas, todo. Estaban allá arriba tumbándole el ranchito a una señora que estaba a tiro de dar a luz.

 

Pues, eso para mí era nuevo. No tenía interés en este momento porque yo no tenía lote; no tenía nada. Pero me parecía maluco como la actuación de esa gente y pensé - hay que hacer algo.

 

Hablé con Efraín Malangón y otros y fui a buscar al señor Pablo Lujan quien era supuestamente presidente del comité que organizaba; y estaba metido entre dos arrumes de gaseosa. Entonces, le dije que “Si usted es presidente de ese comité ¿porque no está viendo que se puede solucionar, hablando con el inspector, o hacer algo?”

 

A regañadientes se fue con nosotros - subimos allá unos 14 - y hablamos con el encargado de eso quien era un cojo. Le dijimos – "¿Por qué no suspende eso mientras hablamos con el inspector? Porque este es un atropello."

 

Dejamos como seis personas ahí, y subimos por esa montaña cuando eso era un descargadero de vidrio. El inspector tenía el carro parqueado en la cima de la basura y cuando nosotros íbamos subiendo se iba sumando más gente.

Él se asustó y prendió el carro. Entonces a todos lo encendieron a piedra. Quebraron vidrios y quedó el operativo sin cabeza visible y se lo suspendió: dejaron de tumbar los ranchos, se quedaron un rato y se fueron.

 

Fuimos a hablar sobre lo que había pasado… las gases lacrimógenos etc.; el apoyo que hubo de parte de sector de Moravia Fidel Castro – hubo buen apoyo de allí. Y la Universidad vino también a colaborar - voleando piedra.

 

Ya me vine para acá cansado, maltratado por la cargada de esa madera, pero cuando llego aquí estaba Gabriel Cuervo repartiendo la madera - era el presidente de la junta de acción comunal de esa época.

 

Yo le dije – “Oiga señor ¿Qué pasa con esa madera? Esa madera es mía. Me dijo – “Ay no, yo creí que esa madera era de ese señor que vive ahí.” “No esa madera es mía. Y acuérdese que usted mismo me dijo que ocupara un espacio allá, pero no pude porque estaba ocupado.”

 

Me dijo – “¿Usted no tiene donde ir a armar su rancho?” y le dije - ”¿Ya qué?” “Entonces,” me dijo, “Ese señor abandonó la lucha y usted hizo frente al problema. ¡Coja eso usted!” Entonces, paradójicamente quien impulsó a traerme aquí a mí me tocó desalojarlo de aquí.

Yo llegué aquí a la edad de nueve años. Nosotros veníamos de Belencito. Teníamos una casa por allá… pero un hermano de mi mama nos sacó… de ahí venimos y invadimos por acá.

 

Llegamos al basurero y como que no teníamos de que vivir. Nosotros éramos ocho hermanos y de los ocho los mayores nada más era un hermano quien se llama Carlos y yo… nos tocó a ir a la basura a trabajar para recoger, pues, para coger con que comprar para los que quedaban en la casa porque a mi mamá le daba una pensión pero se demoraba mucho para sacar esa pensión.

 

La mejor basura era lo que traía comida. Había una grúa que le decían “los placeos” venía de la Minorista o da la Mayoritaria, pues, traían revuelto, traían pedazos de panela. Uno tenía que madrugar para eso. Hacíamos unos huequitos para nosotros sacar todo lo que eran bien escondidito: el revuelto y la panela.

 

A las ocho llegaba una grúa con el jabón – La Inesta. Nosotros sacábamos bolsas de FAB; sacamos pedazos de jabón y esa cocinábamos y hacíamos unas bolas grandes. Las cocinamos con leña y después lo poníamos junto al fogón de leña y secaba. La grúa de Zenú traía carne; traía salchichas; traía de todo que usted podía comer y traía carnes buenas.

 

Nosotros no teníamos casi comprar como comida ni jabón ni nada sino que la plata de los materiales de los reciclables que nosotros conseguíamos allá era para vender y comprábamos lo que era ropa. No teníamos que pagar servicios- la luz era contrabando – todo lo teníamos, o sea los ranchitos, eran muy malos porque eran de plástico y las puertas eran de colchas o trapos. Los cauchos, los plásticos y las tablas todo se traía del basureo.

Abundancia y Pobreza en el basurero

Luz Marina

Pescando Marranos.

 

Bajaban por el rio marranos que morían arriba. Había un señor del basureo a quien le decían Memo. Cuando bajaba un marrano le decían: “Don Memo ¡viene un marrano!” y ese señor a la carrera con un lazo grande;

y se amaraba a una cosa grande y se tiraba a este rio a saltar ese marrano; y lo arrastraba; lo subía para ese moro; cogían leña; lo quemaron y lo abrieron ahí mismo. Y ahí mismo estaba toda la gente en una rueda. ¡Toda! Cuando abrieron al marrano allí había estas latas de aceite grande que se abrían como un cajoncito y este servía de paila. Entonces allí ponían la cosa y

empezaron a sacar carne y fritarla. Y nosotros todos en una rueda esperando que saca la carne. Compramos arepas. Todas sacando y fritando; y nosotros comiendo. Nos comimos este marrano en un momentico y no nos daba fastidio. Todos comían de eso.

La Laguna desaparecida, la cancha y el Patrón

Toño Guzmán

donde había huecos echar basura pa' tapar, entonces desde que taparon las lagunas le dijimos a don Alfonso "¿Porque no hacemos la canchita acá?" Él me dijo "Usted verá si se le mide a ese basurero ahí."

 

Entonces en compañía de un grupo de muchachos que trabajamos en el basurero, le pagamos a las volquetas que traían tierra. Les damos cualquier cien pesos - en ese entonces era mucha plata. Al escondido del patrón del buldócer que arrastraba la basura lo hacíamos bajar y le dábamos cualquier cosa entonces él nos tapaba la basura. Ahí ya nos midió el pedacito.. don Alfonso nos dijo por acá ese pedacito no más porque por allá iba a pasar una calle.

 

Cuando empecemos hacer los torneos eso era un terreno amarrillo y no sabíamos si el balón era de cuero o era de barro: eso era todo amarillo. Hicimos portería de madera, traíamos costales de la basura y los remendábamos y poníamos las redes y hacíamos unos torneos ahí y jugaba la gente de Palermo, San Isidro.

Apareció un día un señor Oscar y me comentó – “Oíste home que por ahí un señor que te quiere iluminar esta cancha.” Yo cité a la reunión en la escuela de acá y llevé un grupo de deportistas. El señor que venía era Pablo Escobar… Entonces se presentó – “Mi nombre es Pablo Escobar. Yo vengo a colaborar aquí si ustedes quieren yo les voy arreglar la cancha; se la voy iluminar; les voy a echar arenilla; se la voy a poner como ustedes quieran,” me dijo.

 

Entre ocho o quince días llega la maquinaria. Él me dijo algo que no le entendí –“Se la voy a regalar pero si usted queda agradecido conmigo usted verá si después me colabora. Usted verá si queda agradecido.”

 

La inauguramos con una selección de acá de Moravia y el trajo las reservas del Nacional, se inauguró la cancha a todo dar, era la segunda cancha que él ilumino en todo Medellín.

 

 

Nosotros venimos de una invasión y llegamos acá. Le compramos a un señor en mil pesos. Luego se organizó esto. Don Alfonso organizó los comités populares… y iba marcando los terrenos a la gente e iba respetando las calles. Ahí vino la invasión de la cancha… yo le dije a don Alfonso – "¿Porque no cogemos aquí la cancha?"

 

Antes de eso nosotros no teníamos donde jugar. Nos íbamos pa´ arriba para Oasis - ahí era una manga. Nos íbamos con unos muchachos de acá a jugar fútbol y un señor allá nos encendió a bala. A mí me pegó un tiro en una pierna. Yo le dije a Don Alfonso "¿Porque no sacamos un pedacito para una cancha de futbol ahí donde la quebrada?